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Nos encontramos en les Valls del Montcau, donde se suceden frondosos valles, ondulaciones amables de las sierras y miradores naturales formados por altiplanos. Una región con abundante vegetación y fauna. Este paisaje áspero, de altivas cinglas y originales monolitos, recuerda al de Montserrat, situado en la otra orilla del Llobregat. Dentro de este marco natural, las Valls del Montcau incluyen los municipios de Mura, Navarcles, Pont de Vilomara i Rocafort, Sant Fruitós de Bages y Talamanca. Pueblos que conviven en perfecta armonía con el medio ambiente que les rodea. Así, Mura es un pueblo entrañable, documentado en el año 959, que conserva todo su encanto medieval con callejuelas y plazoletas alrededor de la iglesia románica de Sant Martí. A 454 m de altitud, inmerso en el Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, Mura está rodeada de sierras, torrentes, cuevas, fuentes y balmes que podréis descubrir siguiendo alguno de los numerosos caminos y senderos. Entre plazas y calles estrechas con casas típicas de piedra, muy pintorescas y bien conservadas, se encuentra el paseo de Camil Antonietti, los molinos harineros y la ermita de Sant Antoni. Dentro del término municipal se puede disfrutar de la presencia de antiguas masías restauradas en concordancia con el entorno natural, como el Puig de la Balma, casa obrada en la roca; la Coma d’en Vila; la Roca, entre otros. Navarcles es uno de los pueblos del Pla del Bages, en la confluencia del río Llobregat con la riera de Calders, y lo constituyen unas tierras fértiles ocupadas ya en tiempos de los romanos. Goza de un marco de gran riqueza natural, puerta del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, haciéndolo especialmente encantador y acogedor. En Navarcles se encuentran gran cantidad de fósiles que nos muestran como hace millones de años la zona estaba inundada por el mar. El Parc del Llac es otro de los atractivos del municipio para pasear o practicar deportes. El agua se convierte en elemento principal. Descubrimos diversas fuentes en los pequeños rincones del casco urbano, haciendo palpable su excelente calidad y cantidad. El agua proviene de la fuente Calda, manantial localizado a 5 km. de la población. En cuanto a patrimonio arquitectónico es interesante el Pont Vell (siglo XVIII), puente de piedra que cruza el Llobregat, la Iglesia parroquial de Santa María, la Capilla románica de Sant Bartomeu, el edificio del Ayuntamiento (1912) de estilo modernista y el Mas Ca l'Aguilar. Agua, naturaleza y patrimonio arquitectónico se mezclan en este municipio. A diferencia de los otros pueblos Pont de Vilomara i Rocafort está formado por dos entidades diferenciadas, la antigua, Rocafort, y la nueva, Pont de Vilomara. Pont de Vilomara, cabeza del municipio, situada en la parte baja entre la riera de Mura y el río Llobregat, debe su nombre al imponente puente medieval de la población. Obra gótica de 9 arcos y 130 metros de largo. Su tradición industrial, iniciada con las fábricas de hilados en las orillas del Llobregat, la convierten en uno de los pueblos pioneros en la innovadora industria del reciclaje. Rocafort, situado en una colina en la parte alta del municipio a 421m de altitud, domina el valle de Nespres. Antiguamente había sido el núcleo principal de la población y todavía conserva el carácter particular y sencillo de sus casas de piedra. Del conjunto, destacan la iglesia parroquial de Santa Maria, finales de la época gótica; y la casa museo, casa típica del pueblo restaurada y acondicionada para el público. En el interior de la denominada Catalunya Central, a la derecha del río Llobregat, se sitúa Sant Fruitós de Bages, documentado en la primera mitad del siglo X y con una extensión de 22,14 km2. Es fruto de la agregación de diferentes parroquias–Olzinelles, Vall dels Horts, Sant Iscle, Sant Fruitós de Bages y Santa Maria de Claret–. Un paseo dentro del municipio nos permite disfrutar de un núcleo urbano histórico que conserva el carácter medieval, destacando la iglesia parroquial de Sant Fruitós de Bages, y también de un paisaje urbano moderno e industrial. Mezcladas con zonas verdes sorprenden una infinidad de iglesias dispersas en el territorio, de las cuales el monumento más emblemático es el monasterio de Sant Benet de Bages. Finalmente, Talamanca. Constituido por un pequeño núcleo de calles empedradas, se alarga sobre un collado de la sierra de Rossinyol por encima de la carretera de Navarcles a Terrassa. Gracias a su privilegiada situación a 552m de altitud, tiene pequeños rincones singulares y buenas vistas por doquier. En el centro histórico, se levanta el castillo de Talamanca, documentado desde el año 965 y la iglesia de Santa Maria, del siglo XI. Paseando, se aprecian los portales adintelados o con dinteles de piedra de las casas que la rodean, documentadas entre 1621-1861, construcciones todas ellas, de piedra. Más allá del núcleo urbano, es tangible la presencia humana en los testimonios de las siete tinas de los siglos XVIII y XIX, que destacan por su peculiaridad, así como los restos de un poblado ibérico en el Puig Castellar. Como hemos visto, les Valls del Montcau han sido pobladas desde tiempos muy antiguos, a pesar de que los asentamientos permanentes se consolidaron durante la edad media. Desde entonces el hombre ha vivido en armonía con el medio natural y lo ha convertido en un paisaje con una personalidad incomparable. |
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